Casi todo cliente enfadado lo está con la situación, no contigo. Estas son técnicas de buenas prácticas para bajar la tensión;
ninguna norma las fija.
Bajar la tensión
Deja que se desahogue sin interrumpir. Interrumpir a alguien enfadado sube el volumen.
Reconoce la emoción: «Entiendo que esté molesto; yo también lo estaría».
Habla más bajo y más despacio que él: el tono se contagia.
Pasa a los hechos: «Vamos a ver qué ha pasado con su pedido».
Ofrece opciones concretas: elegir devuelve al cliente la sensación de control.
Lo que no hay que hacer
Discutir quién tiene razón, culpar a otro departamento o decir «son las normas» sin explicarlas.
Prometer algo para que se vaya.
Aguantar insultos o amenazas: puedes avisar de que cortarás la conversación si siguen, y hacerlo según el protocolo de tu
empresa.
Tu salud también cuenta (Ley 31/1995)
Tienes derecho a una protección eficaz en seguridad y salud (artículo 14): la evaluación de riesgos de un puesto
de cara al público debe incluir la carga mental, la presión de tiempos y el trato con clientes conflictivos.
La empresa te tiene que informar de los riesgos de tu puesto y de las medidas (artículo 18): por ejemplo, qué
hacer ante una agresión o un atraco y a quién avisar.
Ante un riesgo grave e inminente puedes interrumpir la actividad y abandonar el lugar (artículo 21.2).
Tú también tienes obligaciones: seguir las medidas de prevención y avisar de las situaciones de riesgo
(artículo 29).
En la prácticaUn cliente empieza a gritar en el mostrador porque su reparación no está lista.
Le dejas hablar, le dices que entiendes que le haga falta, miras el estado en el sistema y le das una fecha. Si pasa a insultar
o a amenazar, avisas al encargado como marque el protocolo y apuntas lo ocurrido: la empresa debe tenerlo en cuenta en la
evaluación de riesgos.
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