Es el proceso más extendido en obra y en mantenimiento porque el equipo es sencillo y se mueve con facilidad. Un arco eléctrico salta entre la punta del electrodo y la pieza; el calor funde a la vez el metal base y el electrodo, que hace de metal de aportación.
El equipo
- Fuente de corriente (hoy casi siempre un inversor), que da corriente continua o alterna según el modelo y el electrodo.
- Pinza portaelectrodos con su cable y pinza de masa: la masa se conecta a la pieza, lo más cerca posible de donde sueldas y sobre metal limpio.
- Electrodos: una varilla metálica (el alma) recubierta de un revestimiento.
Para qué sirve el revestimiento
Al fundirse, el revestimiento desprende gases que protegen el arco, forma la escoria que cubre el cordón mientras se enfría, estabiliza el arco y puede aportar elementos de aleación. La escoria se quita con piqueta y cepillo al terminar cada pasada: si queda dentro, es una inclusión. Por eso se sueldan siempre con gafas o pantalla también al picar: los trozos de escoria saltan calientes.
Hay electrodos de distintos tipos (rutilo, básico, celulósico…). Algunos, como los básicos, absorben humedad y deben guardarse y, si el fabricante lo indica, secarse en estufa: un electrodo húmedo da poros y grietas. Sigue siempre la ficha del fabricante.
Riesgo eléctrico del arco
El equipo trabaja con tensión y el circuito de soldeo pasa por la pieza. Antes de empezar se comprueba que los cables y las pinzas no están pelados ni las conexiones flojas, y si algo se deteriora el equipo deja de usarse (Real Decreto 1215/1997, anexo II, apartado 1, punto 4). En locales mojados o de alta conductividad (dentro de un depósito metálico, por ejemplo) no se emplean equipos que allí supongan un peligro (punto 11). Las reparaciones del equipo, con él desconectado y sin posibilidad de ponerse en marcha (punto 14). Nunca cambies el electrodo con las manos mojadas o con guantes húmedos, y no te enrolles el cable al cuerpo.